
Tenía 18 años cuando pensé que estaba listo para liderar. Tenía el deseo. Tenía la pasión. Había crecido en la iglesia y había visto a mis padres servir con entrega. Pensé que eso bastaba.
Pero no pasó mucho tiempo antes de enfrentar una de las pruebas más dolorosas de mi vida: la división de una congregación que amaba.
Todo se vino abajo. La gente que un día aplaudía, al siguiente día se iba. Pasamos de más de 250 personas a casi nadie. Lo que parecía un ministerio fuerte se redujo a cenizas. Y ahí estaba yo… con ganas de servir, pero sin dirección. Con fuego en el corazón, pero sin herramientas en las manos.
Ahí descubrí la verdad:
El deseo no es suficiente. El llamado necesita formación.
Ese golpe ministerial me mostró que las buenas intenciones no bastan si no van acompañadas de sabiduría, entrenamiento y carácter. Fue un momento de realidad. Me di cuenta que había confundido entusiasmo con preparación, y emoción con madurez. Y aunque tenía la fe, no tenía estructura.
Dios no me expuso para avergonzarme, me permitió vivirlo para formarme.
Y aunque en ese momento no lo entendía, fue ese quebranto lo que me posicionó para conocer a la mujer que hoy es mi esposa. Después de esa temporada de confusión y pérdida, vino una conexión divina. El dolor me movió del lugar cómodo al lugar correcto.
Desde entonces, aprendí que si voy a liderar, tengo que crecer. Tengo que leer, escuchar, preguntar, practicar, fallar… y volver a intentarlo. Cada paso que doy ahora está intencionalmente alineado con el desarrollo. Ya no camino solo con deseo—camino con dirección.
No basta con querer ayudar. Hay que prepararse para hacerlo bien. El Reino necesita siervos apasionados, sí, pero también formados. Líderes con corazón, pero también con estructura.
Hoy te escribo esto como testimonio y como llamado:
Si sientes fuego por servir a Dios, ¡gloria a Él! Pero no te quedes solo con el deseo. Desarróllate. Aprende. Busca formación. Rodéate de mentores. Pide retroalimentación. Lee libros. Sirve con los ojos abiertos.
Porque el deseo te lanza, pero la preparación es lo que te sostiene.
Aterriza el mensaje: 5 formas prácticas de desarrollarte como líder
- Lee un libro de liderazgo cada mes. Elige libros que desafíen tu mentalidad, no solo que te entretengan. Dedica al menos 20 minutos diarios a la lectura. Aplica una sola lección por semana y ponla en práctica intencionalmente.
- Busca un mentor y haz preguntas claras. No esperes una invitación. Escríbele a un líder que admires y proponle una reunión breve. Prepara de antemano tus preguntas: “¿Qué consejo me daría para esta etapa?” “¿Qué errores debo evitar?” Anota todo y sigue sus consejos con acción.
- Sirve con propósito. El servicio no es solo actividad; es entrenamiento. Escoge un área donde puedas crecer, no solo donde ya eres fuerte. Pide asignaciones que te reten y busca feedback después de cada participación. Reflexiona al final de cada semana: ¿qué aprendí? ¿qué debo mejorar?
- Asiste a conferencias o entrenamientos. Aparta un presupuesto mensual o trimestral para tu desarrollo personal. No te enfoques solo en eventos grandes; a veces los talleres locales y virtuales traen impartación poderosa. Toma notas, haz networking y aplica al menos una idea en tu liderazgo diario.
- Pide retroalimentación y no te ofendas. Acércate a personas con autoridad espiritual y carácter probado. Diles: “Quiero crecer, ¿podrías decirme en qué debo mejorar?” Recibe la corrección como oro. Escríbela, medítala y trabaja en ella. La humildad acelera el crecimiento.
Elevando tu fe. Despertando tu llamado.