
¿Y si lo que te está deteniendo no es el miedo… sino el orgullo?
Estas últimas noches he estado orando y reflexionando profundamente. Me hice una pregunta que me confrontó de forma inesperada: ¿Es mi orgullo más grande que mi fe? Porque muchas veces, lo que llamamos “procesos” o “esperar el momento correcto”… en realidad es resistencia a obedecer. Y esa resistencia viene de un lugar más profundo: orgullo.
El orgullo no siempre es altanero
A veces el orgullo no se manifiesta con arrogancia, sino con independencia. Se disfraza de:
- “Tengo que resolverlo solo.”
- “No necesito ayuda, ya lo entenderán.”
- “Nadie me dice cómo hacer las cosas.”
- “Yo sé lo que hago, no necesito consejo.”
Y peor aún, el orgullo puede vestirse de espiritualidad:
- “Estoy esperando la confirmación de Dios.” (cuando ya Dios habló)
- “Siento que no es mi tiempo.” (cuando en realidad tengo miedo a fracasar o a verme vulnerable)
- “No quiero que piensen que dependo de otros.” (como si depender fuera debilidad)
La fe se mueve aunque no se sienta lista. La fe dice: “Heme aquí, envíame a mí.” La fe obedece primero y entiende después.
Y sobre todo, la fe es humilde. Reconoce que sin Dios no puede, y que con ayuda de otros puede llegar más lejos.
¿Cómo saber si es orgullo lo que me está frenando?
Hazte estas preguntas sinceras:
- ¿Me cuesta pedir ayuda, consejo o cobertura?
- ¿Siento que siempre tengo que tener la razón?
- ¿Prefiero hacer las cosas a mi manera, aunque sepa que hay una mejor?
- ¿Me molesta cuando alguien me corrige o me da instrucciones?
- ¿Estoy más enfocado en mantener una imagen que en ser obediente a Dios?
Si alguna de estas te confronta… quizá no sea miedo. Quizá sea orgullo.
Una oración para rendirlo todo
“Señor, muéstrame las áreas de mi vida donde el orgullo me está limitando. Si estoy cuidando una imagen más que caminando en obediencia, derríbala. Prefiero tu voluntad que mi comodidad. Prefiero tu corrección que mi reputación. Enséñame a depender de ti y a caminar en humildad. En el nombre de Jesús. Amén.”
El orgullo nos aísla. La fe nos conecta. El orgullo retiene. La fe libera. Y si Dios te está mostrando que hay orgullo en tu corazón, no es para condenarte… sino para prepararte para lo que viene.
Porque el quebrantamiento precede a la promoción.
Elevando tu fe. Despertando tu llamado.
— Aaron Chavez